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Empezamos el mes de septiembre, Madrid se va llenando de gente, regresamos a nuestra vida… ¿de siempre?

Lo cotidiano puede ser algo maravilloso, ¿qué hay de mágico en ello? Las costumbres pueden hacernos sentir que siempre hacemos lo mismo, y las rutinas nos pueden cansar. Sin embargo, la cara amable es la estructura estable y confortable que nos aporta. ¿Sabéis lo necesario que es para un bebé tener unas rutinas establecidas? Y no sólo los bebés, como niños, adolescentes, adultos y ancianos, necesitamos que al menos una parte de nuestro ambiente sea predecible. Nos aporta seguridad y calma.

En los meses de verano, rompemos con nuestra rutina y dejamos volar nuestra imaginación en lugares que no están en nuestro día a día. Algunos visitamos playas agradables, donde el sol baña nuestra piel y el agua fresca del mar nos calma. Otros, optamos por la montaña, y la intensidad de caminar a través de ella y dejar que la naturaleza nos inunde. En ocasiones, montamos maletas y mochilas en un afán entusiasmado de conocer el mundo, otras culturas y gentes. Y en todas las opciones posibles para desarrollar unas merecidas vacaciones, predominan las ganas de disfrutar y desconectar de nuestra vida mortal.
Tras un periodo de descanso más o menos prolongado, todo nuestro sistema vital se renueva. Nuestro cuerpo se reajusta, hemos descansado mejor y los niveles de estrés han quedado bajo mínimos. Nuestra mente, acostumbrada a trabajar en multitarea, ha podido centrarse en sí misma y ver con claridad sus objetivos. Las emociones han encontrado un modo positivo de canalizarse, y la sensación de bienestar general nos recorre. Como solemos decir entre nosotras, “El estado natural del ser humano es estar de vacaciones”.

¿Podemos observar qué hace que en esos momentos nos encontremos mejor?

  • IMG_7050Hemos tenido más tiempo para nosotros mismos. Nos dedicamos a cuidarnos más, dormimos más horas, comemos alimentos de mayor calidad y cocinados con tiempo, los hábitos de higiene y cuidado se hacen más delicados.
  • Solemos hacer cosas que realmente nos gustan, como pasear, leer un buen libro, visitar algún museo, escuchar nueva música.
  • Dedicamos más tiempo a la gente que queremos. Pasamos más tiempo con la familia, quedamos con amigos que hace tiempo que no vemos, invertimos energía en charlar a cerca de la vida.
  • Tenemos momentos de “vida contemplativa”. Y es que ya lo decían los sabios, en la contemplación a veces está la clave. El arte de no hacer nada nos reporta energía e ideas nuevas, porque cuando desenfocamos la mirada en muchas ocasiones aparece la respuesta que buscábamos.
  • Nos nutrimos de nuevas experiencias. Cuando estamos de vacaciones y visitamos lugares distintos, nuestro cerebro está expuesto a un millón de estímulos nuevos, que lo impactan y lo llenan de impresiones, sensaciones, ideas. La novedad hace que tengamos riqueza en nuestro pensamiento y que las emociones se sacudan el polvo.
  • Y es que en ocasiones, salimos de nuestra zona de confort. Éste es un término que nos encanta, y que en los periodos de vacaciones a veces se puede aplicar. ¿Cuántas veces te has atrevido a llevar a cabo aventuras que en tu vida cotidiana no podrías ni imaginar? Salir de la zona de confort, aunque sólo sea un ratito en vacaciones, nos hace experimentar emociones nuevas y pone a prueba nuestra capacidad para tolerar los cambios, y generar nuevas respuestas en nuestro sistema psíquico.
  • Nos sumamos al movimiento Slow. Porque ya lo decía Gandhi, “En la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad”. No tenemos prisa por llegar a los sitios, somos pacientes con nosotros y con los demás, en todos los aspectos. Nos tomamos con calma los momentos de compra, cuando comemos o cenamos fuera somos comprensivos con el ritmo que llevan en el negocio, cuando pedimos algo somos capaces de tolerar las diferencias entre unos y otros. De hecho muchos de nosotros desterramos el reloj al fondo del cajón durante estos días. ¿Y eso qué genera? Que seamos más conscientes de cada minuto que vivimos, paradójicamente. Disfrutamos del placer de que ocurran las cosas, sin más.
  • El ambiente que nos rodea está exquisitamente seleccionado. Dedicamos tiempo y energía a decidir cómo van a ser nuestras vacaciones, con quién las vamos a pasar, dónde y lo que es más importante, dónde NO. Somos hábiles en escoger nuestros espacios de relax, de descanso, de desconexión. No nos conformamos con lo que nos viene dado porque aquí sí que nos ponemos como meta decidir nosotros mismos cómo van a ser las cosas.

De todos estos aspectos, ¿hay alguno que puedas extender al resto del año? No te dejes llevar por la “depre post vacacional”, vamos a pensar juntos cómo retomar nuestra vida cotidiana y cómo hacer para que toda la energía que hemos recargado en vacaciones se mantenga el resto del año.

Lejos de lo que se solía afirmar hace años, cuando nos contaban que “Año nuevo, vida nueva”, ahora sabemos que el mejor momento para comenzar nuevos proyectos, introducir hábitos saludables y cumplir propósitos personales es precisamente en el que estamos, a la vuelta de vacaciones. Repasa un momento los puntos de arriba, recuerda cómo estamos después de unas vacaciones, ¿no te parece el estado idóneo para comenzar algo nuevo? Nuestra mente está despejada, tenemos las emociones canalizadas y libres de estrés, nuestro cuerpo está descansado. Estamos repletos de energía. Entonces… sí. Éste es el mejor momento para un nuevo comienzo. ¡Se creativo y conviértete en tu mejor inversión!

  1. Respeta los hábitos básicos. El estado de ánimo se ve influenciado fácilmente por el sueño, el descanso y la alimentación. Mantén una higiene del sueño adecuada, duerme suficientes horas y de manera constante. Si sueles dormir 7 horas al día y con eso te sientes descansado, respétalo cada día. Vigila tu alimentación, se cuidadoso a la hora de escoger los productos y cocina de forma saludable siempre que puedas, evita el exceso de grasas saturadas, azúcares y alimentos precocinados. Investiga a cerca de cómo comer de forma saludable, porque la alimentación es un pilar para el correcto funcionamiento de cuerpo y mente.
  2. Haz ejercicio. El momento de empezar a mover tu cuerpo con conciencia es AHORA. Busca un centro donde poder hacer deporte, un gimnasio, una piscina, un centro de yoga o una escuela de baile. Todo vale, la única regla es que te guste tanto como para mantenerlo durante el año. Si tu plan es Low Cost, tienes a tu alcance diferentes formas de hacer ejercicio por tu cuenta: puedes aficionarte a la bici, convertirte en un runner o hacer rutas de montaña en tus días libres. Cualquier cosa que se te ocurra para mover tu cuerpo, servirá. Elígelo con cariño y reserva tiempo de tu semana para ello. Como dijo Charles Buxton “Nunca encontrarás tiempo para nada. Debes crearlo”.
  3. Presta atención a tu estado general. Nos gustaría introducir aquí algo que no solemos catalogar como hábitos básicos, ni tampoco como deporte, a pesar de que pueda tener una relación íntima con ello. Para que tu mente y tu cuerpo no acumule estrés, es necesario llevarle conscientemente a un estado de relajación. Los grandes expertos en el área aseguran que para poder tener un estado basal relajado, es necesario dedicarle tiempo a estar relajado, aunque parezca de Perogrullo. Cuanto más tiempo dediques conscientemente a relajar tu cuerpo, más fácil será que llegue a estar relajado. Por eso, te recomendamos que cada día, dediques 10 o 15 minutos al “arte de no hacer nada”, o lo que los antiguos yoguis llamarían meditar o contemplar. Escoge un lugar tranquilo y seguro para ti, coge una postura cómoda, pon una luz tenue y procura que haya una temperatura agradable. Cierra tus ojos y respira. Entrénate en la atención plena.
  4. Plantéate retos. Algunos serán fácilmente alcanzables, con algo de intensidad pero que puedas conseguir; date el gustazo! Además de ellos, puedes plantearte otros retos más complejos, que lleven más tiempo o que supongan que puedas salir de tu zona de confort. Sabemos que allí se está a gusto, pero plantearte nuevas metas te hará crecer y beneficiará tu estado de ánimo. ¿Qué ejemplos se nos ocurren? Investiga a cerca de aficiones que podrías iniciar; manualidades, tocar un instrumento, hacer teatro, aficionarte a los museos y el arte. No hagas listas interminables; puedes hacer una general donde recojas todo lo que te gustaría aprender, y de esta extrae dos o tres ideas para llevar a cabo a lo largo del año.
  5. Genera innovación en tu trabajo. Éste es en sí mismo un gran reto. ¿Cuánto tiempo llevas haciendo lo mismo? La alta motivación que suele tenerse en un puesto de trabajo al inicio del mismo dura aproximadamente dos años y medio, a partir de entonces los desafíos prácticamente han desaparecido y comienza a hacerse rutinario. Investiga cómo puedes introducir pequeños cambios, incluso a nivel ambiental podrían servir.
  6. Crece a nivel profesional. En este momento puedes plantearte si hay algún aspecto de tu capacitación formativa que te gustaría retomar, siempre existen áreas nuevas o aspectos de tu perfil profesional que no has abarcado nunca. Observa si te motiva emprender una trayectoria en la que aún eres inexperto, planifica cómo podrías llevarlo a cabo y ponte en marcha.
  7. Fortalece tus relaciones sociales. Los amigos pueden ser una fuente inagotable de salud mental. Presta atención a los grupos con los que te relacionas, y reserva espacios en tu agenda para verte con ellos, intercambiar vivencias y consultar diferentes perspectivas vitales. Organiza una quedada con tus grandes amigos donde podáis compartir vuestras vacaciones, ver fotos y divertiros con las anécdotas de este verano. Encuentra espacios para verte con la gente que es importante para ti, es una prioridad.
  8. Ocupa parte de tu tiempo en tu familia, no sólo la creada por ti, si no la extensa. Mantén el contacto con las personas que te han visto crecer, en ocasiones las conversaciones no son como las que mantendrías con tus amigos, pero aportan una parte de vivencia insustituible.

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Como apunta el título de nuestro blog, así le damos la bienvenida al otoño y al nuevo curso. Pongámonos en marcha, ¿quién se apunta?

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