Prestando atención

 

“Dime cómo te han tratado y te diré cómo influye en tu vida.
Explorando los patrones de apego en niños y adultos”

Desde los primeros trabajos publicados por Bowlby allá por los años 40, se observaban los estilos que tenían los adultos de tratar a los bebés que estaban a su cargo, y cómo éste trato generaba diferentes tipos de comportamientos en los niños y niñas. Se dieron cuenta de que ciertos comportamientos y actitudes de los adultos, cuando se daban de forma constante, generaban también patrones de comportamiento, de emoción, de estar en el mundo diferenciales en los niños.

Los patrones que emergen son el apego seguro, el ansioso (evitante/ambivalente), y el desorganizado. A continuación, vamos a explorar qué ocurre en cada caso, y cómo se traducen estos patrones en la vida adulta y en el establecimiento de relaciones.

  • Apego seguro. Los cuidadores principales que establecen apego seguro son aquellos que “están” con el bebe, en el significado más amplio del verbo. Los niños utilizan a la madre/padre como base segura para explorar los alrededores del entorno y buscan confortarse en ellos después de la separación. Estos niños no suelen sentirse abrumados por la separación, y tratan al cuidador principal y al adulto externo de forma diferenciada. Es el resultado de una figura de apego accesible al niño que busca su proximidad. Las personas que han tenido una fuente de regulación afectiva y control, se valora a sí mismo, al otro y las relaciones son vistas como algo que genera satisfacción y merece la pena.

En adultos, un apego seguro se caracteriza por tener un modelo de sí mismo como alguien capaz de buscar y conseguir ayuda cuando la necesita, y de los otros como personas en quien se puede confiar. Este tipo de apego amortigua del estrés y ayuda a defenderse cuando las situaciones resultan amenazantes. Estas personas, se comportan mejor en situaciones adversas, se recuperan más fácilmente ante el estrés, tienen mayor capacidad de adaptación al ambiente y mayor resiliencia.

  • Apego inseguro. Un cuidador principal que establece un vínculo inseguro es aquel que no siempre está disponible física o emocionalmente, que en ocasiones rechaza el contacto con el bebé, o que no es predecible para el pequeño. A veces está, a veces no está, de manera que la disponibilidad de la figura de apego no es segura. A su vez, los apegos inseguros pueden ser de dos tipos:

Apego inseguro Evitativo. En estos casos, la figura de apego bloquea el acceso del niño que lo busca. Los niños exploran a su alrededor sin buscar la seguridad en la figura de apego y mostrando poca interacción afectiva con ella. Tratan de manera similar a la figura de apego y al desconocido, y pueden evitarla cuando ésta regresa.

Apego inseguro Ambivalente. El cuidador es accesible de una forma impredecible para el niño, a veces está y otras no. Estos niños son ambivalentes, buscan activamente el contacto con la figura de apego pero una vez conseguido, quieren deshacerlo. Su exploración del entorno está empobrecida, tienen un tono emocional ansioso o de resistencia emocional, y cuando su figura de apego está presente mezclan la respuesta de rechazo, llanto y búsqueda de proximidad.

Los adultos que adoptan estrategias inseguras, tienden a formar relaciones donde no se sienten apoyados y que son fácilmente perturbables. En ambos tipos de apego inseguro, lo que afecta a la calidad de sus relaciones es la forma en que comunican y utilizan sus emociones negativas, modificándolas de forma defensiva. Siguiendo a Sagrario Yarnoz, las personas evitativas no son eficaces a la hora de pedir ayuda, y las personas con un apego ambivalente podrán sentirse en sus emociones negativas incapaces de mantenerse de forma constructiva en una relación.

  • Apego desorganizado. Esta categoría fue posterior, y es desarrollada en aquellos niños víctimas de malostratos, negligencia, abuso, etc. Es un estilo de apego caótico, donde el niño no se acerca de manera natural al adulto, sino de espaldas o girando la cabeza, propia de un cuidador que asusta al niño. Está relacionado con la vulnerabilidad a los trastornos disociativos y a trastornos límite de personalidad.

Y en general, ¿para qué nos sirve conocer todo esto?

Si te paras un momento a mirar a tu alrededor, acerca de cómo gestionas tus relaciones, cómo interpretas lo que ocurre dentro de ellas, y cómo te sientes al respecto, verás algunas similitudes con estos patrones.
Hay un debate intenso acerca de por qué somos como somos, o lo que somos. Y qué duda cabe, una parte importante de eso está relacionado con nuestros primeros años de vida, con la manera en que nos trataron, nos miraron, nos cuidaron. Todo está relacionado, y algunos investigadores como el doctor Daniel J. Siegel nos aportan además la traducción neurobiológica de estas influencias tempranas.

¿Quiere decir que todo esto es determinista? Bueno, queremos pensar que no, no toda la suerte está echada, aunque cambiar o aprender nuevos modos de estar en el mundo requiere una atención extra. Podemos aprender a ser de otro modo, a percibir de otro modo, a sentirnos de otro modo. La plasticidad del ser humano es asombrosa, podemos generar cambios incluso en nuestros patrones de apego, estos que se clausuraron en nuestro primer año de vida. ¿Cómo lo hacemos? Pasa, que te lo contamos.

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