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Todos, ya seamos bebés, niños, adolescentes o adultos necesitamos afecto y apoyo incondicional a lo largo de nuestra vida.

Los vínculos afectivos que se crean durante los primeros años de vida, son básicos para la construcción de nuestra identidad y equilibrio emocional. El desarrollo cerebral depende de los cuidados y de los buenos tratos que cada persona haya recibido tanto en su niñez como en su vida adulta. Tanto la negligencia como los malos tratos provocan algún tipo de daño cerebral.

Los vínculos afectivos nos estimulan para buscar proximidad y contacto con nuestras figuras de referencia. Su creación permite desarrollar esquemas mentales de afecto y confianza, que hacen que percibamos el mundo como un lugar estable y seguro, y sirven como factor resiliente o de protección cuando surgen los conflictos.

¿Cómo conseguimos crear un vínculo seguro con nuestros hijos?

Atendiendo sus necesidades.

Averiguar qué les pasa para poder ofrecerles aquello que necesitan. A medida que nuestros hijos crecen, sus necesidades varían y nuestro modo de atenderles y de averiguar qué les ocurre también, y es mediante la escucha activa y la empatía como lo conseguimos. Debemos mostrar interés por sus preocupaciones e intereses a lo largo de todo su desarrollo. Si llegan a pensar que lo suyo no es importante pueden sentir que no son comprendidos ni queridos.

Una buena comunicación entre padres, madres e hijos es fundamental para conseguir un vínculo sano. Una actitud abierta a escuchar, dialogar y negociar garantiza que cuando nuestros hijos o hijas se enfrenten a dificultades no tengan miedo de pedirnos ayuda. De lo contrario si temen enfadarnos o disgustarnos, evitarán contarnos cómo se sienten y qué les ocurre, ocultándonos información relevante, o lo que es peor, mintiendo.

Expresando nuestro afecto abiertamente.

Con gestos, actitudes, elogios, besos y abrazos. Hacerles sentir queridos y aceptados. No hay que temer decirles muchas veces “te quiero”, abrazarles y besarles. Nunca hay un abrazo, un beso o una palabra de ánimo de más, pero sí pueden haberlos de menos. Evitemos que ocurra.

Quererles y demostrárselo no es un problema, todo lo contrario, es incondicional, hagan lo que hagan, se porten bien o mal. La imagen que vamos construyendo de nosotros mismos es el reflejo de lo que nuestros seres más queridos nos devuelven.

Pasando tiempo de calidad con los niños y niñas.

Jugar, hacer cosas juntos. Dedicarles tiempo, permitirles que elijan los juegos y que establezcan sus propios ritmos. La conexión a través del juego en niños/as es fundamental. En el juego están presentes la curiosidad, las emociones, la recompensa y el placer. A través del juego el niño cambia su cerebro.

Estableciendo límites y normas.

Estas normas deben ser consensuadas entre ambos progenitores y han de ser coherentes y estables. Tendremos que aprender a corregirlos con respeto y firmeza, pero sin retirar jamás el afecto.

El castigo físico no es una opción si queremos tener éxito en su relación afectiva. No es eficaz, y lo que es peor, ellos aprenden que amor y violencia pueden ir de la mano y que el más fuerte tiene derecho a ejercer su poder contra el otro.

Reaccionando con mucha paciencia ante situaciones estresantes.

Todo aquello que dice un adulto tiene valor para un niño. Ante un error, no debemos decir: “Siempre estás igual”, “me pones nervioso”, “no quiero saber nada de ti”. Estas afirmaciones repercuten negativamente en ellos y pueden llegar a tener un papel de sugestión paralizante o congelación en sus iniciativas. Debemos responder con calidez e intentar calmarles con suavidad.

• Protegiéndolos pero sin sobreproteger.

Ante cualquier situación que pueda generarles miedo o ansiedad, es muy positivo que seamos capaces de transmitir un estado de calma.

Para adquirirlo los adultos tenemos que conseguir una actitud paciente y constante, respetar el ritmo de cada hijo, su proceso evolutivo que es único, y actuar en consecuencia. Padres y madres son el modelo a seguir de los niños y niñas, ellos copiarán lo que ven no lo que se les dice. Fácil no es, por eso habrá que ir aprendiendo día a día.

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